
Yolanda miraba extasiada la corpulenta espalda del entrenador de fútbol del pequeño Noa; ella, y todas las madres que se congregaban en las gradas del colegio mientras sus peques pasaban la hora correteando tras la pelota.
- ¡Qué bueno está!- comentaba elevando las arqueadas cejas para abrir más los vivarachos ojos.
- Ya te digo- afirmó Estela a su derecha- y que voz tiene.
- Ufff, a mi me tiene loquita- aseguró Alejandra a su izquierda.
Iván seguía ajeno a sus miradas dirigiendo a los pequeños emuladores de Raúl y Ronaldiño.
- Noa, marcando, tienes que marcar a Alex. ¡A ver, esa defensa!
Su voz grave, rota, excitaba hasta la última célula de las mamis treinteañeras que no se perdían ni uno solo de los entrenamientos de su prole.
- ¡Noa, los cordones!. Átatelos.- el partido se interrumpió un momento. El pequeño miró a su madre, pidiendo socorro.
- ¡Mamáaaa!
Yolanda acudió presurosa en su ayuda y se agachó a atarle los cordones a su hijo bajo la mirada atenta de Iván. Se miró el escote. Desde donde él estaba seguro que podía verle hasta el ombligo. Elevó la vista un momento y... corroboró su sospecha, los profundos ojos negros del entrenador estaban fijos en su voluptuoso canalillo. Una sonrisa pícara y un: “ya están atados, Noa” mientras la sonrisa le era devuelta por los gruesos labios de Iván.
“Ay Dios, se me van a mojar las bragas de gusto”- pensó Yolanda, mientras sentía la mirada del entrenador recorriendo su espalda, se giró antes de sentarse con sus amigas y se encontró con aquella semisonrisa y aquella mirada profunda que recorría sus nalgas y sus piernas.
- Anda que, menudo repaso te ha echado con la mirada, nena- comentó Estela.
- ¡¡Me muero!!- dijo Yolanda.
- Está para comérselo.
Durante el partido Alex resbaló y cayó al suelo, haciéndose un rasguño en la rodilla. Alejandra, su madre, se levantó de la grada, pero Iván fue hacia él y con mucho cuidado lo tomó en brazos y lo llevó hasta la fuente para curarle la heridita. Las tres amigas se quedaron embobadas...
- ¡Qué tiernooo!!- susurró Alejandra- yo quiero que me coja en brazos.
- Pues... como no te caigas...- dedujo Yolanda.
Por fin acabó el improvisado partido y con él la hora de entreno de los niños. Estaban a mediados de Mayo y el calor era ya veraniego. Iván se quitó la camiseta y se dirigió a los vestuarios. Las tres amigas pudieron admirar la perfección de sus pectorales, ligeramente brillantes por el sudor, sus abdominales bien marcados... Al pasar al lado del grupo de madres que estaban recogiendo a los pequeños no pudo menos que sonreír y dedicarles un: “bueno, hasta el sábado- y dirigiéndose a Alex- ya no te duele ¿verdad campeón?”
- Pues.. no sé si podré jugar Ivan, creo que me he lesionado- argumentó muy serio el pequeño.
- Por supuesto que iremos- intervino rápida Alejandra- eso no es nada Alex, mañana ya estará curado.
- ¿Dónde jugamos el sábado, Ivan?- preguntó Yolanda.
- Pues contra el colegio del Mar, en Salou. Bueno, os dejo que me voy a pegar una ducha antes de irme.
Y con la camiseta sobre el hombro y los mechones de pelo ligeramente revueltos a lo “garçon terrible”, desapareció dentro de las instalaciones seguido atentamente por la mirada de las mamás que recorrían su amplia y musculosa espalda intentando grabarla en su mente.
- Mmmm como me gustaría ver como se ducha. – Yolanda imaginó ese cuerpo, enjabonado, el agua cayendo sobre su pecho, sus glúteos... - ¡¡Uff, de vicio nena, de vicio!!.
- Anda que se te cae la baba.
- Venga Noa, coge la mochilla que nos vamos- ordenó Yolanda sin dejar de mirar hacia los vestuarios del colegio.
- Jo, mami, déjame jugar un ratito más... ¡¡Porfa!!
- No, que es tarde, además me estoy haciendo pis.
- Pues ahí dentro hay water mami.- dijo Noa señalando los vestuarios.
- Pero Noa, ¿cómo voy a entrar ahí?
Sin embargo, una mirada picara se dibujó en su semblante. De todos modos, los lavabos del colegio ya estaban cerrados, tan sólo podía utilizar los de los vestuarios de los chavales. Alejandra y Estela la miraron, sus niños ya se habían ido a jugar también.
- ¿No te atreverás?- dedujo Estela.
- Jajaja, sí que se atreverá- observó Alejandra.- Anda entra a ver si le ves y luego nos lo cuentas.
Yolanda miró hacia ambos lados, los niños jugaban con la pelota ajenos a su indecisión. Y dando media vuelta se dirigió hacia los vestuarios.
- Es que... me estoy meando...- se excusó abriendo los brazos y elevando los hombros.
- Jajaja, anda, anda, que te esperamos.
El ruido del agua de una de las duchas, le hizo saber exactamente dónde se estaba duchando el joven entrenador. Yolanda entró en uno de los servicios para desahogar su vejiga. Luego se levantó, se bajó la falda... y salió sigilosa... Las duchas estaban al final del pasillo, despacio, siguiendo el sonido del agua se fue acercando... y se quedó parada, medio escondida tras la puerta que daba a las duchas, desde allí podía ver perfectamente la espalda y las nalgas de Iván, mientras el agua recorría aquellos músculos perfectos y bronceados. El joven se acariciaba el cuerpo con una esponja mientras el agua caía sobre él, se dio la vuelta mostrando un falo enorme y... en ese momento en erección, pasó su mano por él una y otra vez. Yolanda giró sobre si misma rápidamente, para que no la viese, tan rápidamente que resbaló con el agua mojada que había en el suelo y cayó de culo.
- ¡Ah!.
El joven sobresaltado salió de la ducha y abrió la puerta. Yolanda creyó morirse al verle allí, mirándola, desnudo, mientras ella seguía como petrificada en el suelo, con la falda levantada y... el tacón del zapato roto.
- ¿Qué haces aquí? ¿te has hecho daño?. – indiferente a su desnudez el muchacho se afanó por ayudarla a levantarse.
- Es que me estaba haciendo pis y como la polla que da a los lavabos del... digo.. la puerta del colegio de los baños..., perdona.
Iván se echó a reír ante la atónita mirada de Yolanda que no podía apartarla de su miembro. Pasó su mano por el tobillo de la muchacha.
- ¿Te duele?
- Un poco- murmuró Yolanda, excitadísima con el contacto de la piel del joven sobre su pierna.
Iván subió la mano despacio por su pantorrilla y la miró a los ojos.
- Y ¿ahora?- preguntó sin dejar de mirarla.
Yolanda abrió las piernas y echó la cabeza hacia atrás exhalando un suspiro y arqueó la espalda.
- Ahhh, un poco menos.
La mano de Iván se deslizaba ahora por sus muslos calientes.
- Y.. ¿ahora?- sus dedos rozaban ya el diminuto tanga de Yolanda y lo arrastraban dejando al descubierto su vulva húmeda, inflamada...
Iván le pasó un brazo por debajo de los hombros, la levantó del suelo y casi en volandas la llevó a las duchas cerrando la puerta tras él. Yolanda enlazó sus piernas en la cintura del muchacho y su boca buscó la de él, aquellos labios gruesos y calientes con los que tanto había fantaseado. Le mordió la barbilla, el cuello, la boca, ardiendo en deseo. Iván la apoyó contra la fría pared de azulejos y bajó por su escote para liberar los pechos, voluptuosos, exuberantes, pasó su lengua de uno a otro, succionó sus pezones erizados, vibrantes, hasta hacerla gemir de placer. Yolanda enlazó sus brazos alrededor de su cuello para morder sus hombros al sentir el falo enorme del muchacho buscando adentrarse en su gruta húmeda, rebosante de flujo. Yolanda sintió la fuerza de toda la pasión del muchacho, sobre su clítoris, una vez, otra vez, resbalando sobre su vientre, bajando, hasta su vulva sin decidirse a entrar.
- Sigue... sigue...- murmuró.
Y su enorme verga la penetró violentamente, irrumpiendo una y otra vez, con fuerza, empujándola contra la fría pared de azulejos. Luego la bajó al suelo y levantándole la falda la volteó colocándola contra la pared. Sus manos agarraron sus caderas y volvió a penetrarla desde detrás, sus labios apartaron su cabello hacia un lado y la mordió en el cuello, mientras sus manos apretaban sus pechos y pellizcaban sus pezones.
Una mano bajó por su vientre hasta su clítoris para estimularlo con ligeros circulitos. Yolanda jadeaba, se pegaba a él, a su pecho mojado, se deshacía de placer entre sus fuertes brazos, hasta que un intenso orgasmo la hizo gritar y arquearse hasta casi desvanecerse. Iván la siguió acariciando ahora lentamente moviendo su pene más despacio, para deslizarlo entre sus glúteos y eyacular entre ellos. La besó en el cuello. Yolanda se dio la vuelta, él la tomó por la cintura y la siguió besando en los labios, en el cuello, en el pecho, en los pezones... La miró y apartándole el pelo le murmuró al oido...
- Creo que... te he mojado un poco...
- No importa- contestó Yolanda sonriendo- ya se secará...
- ¡Qué bueno está!- comentaba elevando las arqueadas cejas para abrir más los vivarachos ojos.
- Ya te digo- afirmó Estela a su derecha- y que voz tiene.
- Ufff, a mi me tiene loquita- aseguró Alejandra a su izquierda.
Iván seguía ajeno a sus miradas dirigiendo a los pequeños emuladores de Raúl y Ronaldiño.
- Noa, marcando, tienes que marcar a Alex. ¡A ver, esa defensa!
Su voz grave, rota, excitaba hasta la última célula de las mamis treinteañeras que no se perdían ni uno solo de los entrenamientos de su prole.
- ¡Noa, los cordones!. Átatelos.- el partido se interrumpió un momento. El pequeño miró a su madre, pidiendo socorro.
- ¡Mamáaaa!
Yolanda acudió presurosa en su ayuda y se agachó a atarle los cordones a su hijo bajo la mirada atenta de Iván. Se miró el escote. Desde donde él estaba seguro que podía verle hasta el ombligo. Elevó la vista un momento y... corroboró su sospecha, los profundos ojos negros del entrenador estaban fijos en su voluptuoso canalillo. Una sonrisa pícara y un: “ya están atados, Noa” mientras la sonrisa le era devuelta por los gruesos labios de Iván.
“Ay Dios, se me van a mojar las bragas de gusto”- pensó Yolanda, mientras sentía la mirada del entrenador recorriendo su espalda, se giró antes de sentarse con sus amigas y se encontró con aquella semisonrisa y aquella mirada profunda que recorría sus nalgas y sus piernas.
- Anda que, menudo repaso te ha echado con la mirada, nena- comentó Estela.
- ¡¡Me muero!!- dijo Yolanda.
- Está para comérselo.
Durante el partido Alex resbaló y cayó al suelo, haciéndose un rasguño en la rodilla. Alejandra, su madre, se levantó de la grada, pero Iván fue hacia él y con mucho cuidado lo tomó en brazos y lo llevó hasta la fuente para curarle la heridita. Las tres amigas se quedaron embobadas...
- ¡Qué tiernooo!!- susurró Alejandra- yo quiero que me coja en brazos.
- Pues... como no te caigas...- dedujo Yolanda.
Por fin acabó el improvisado partido y con él la hora de entreno de los niños. Estaban a mediados de Mayo y el calor era ya veraniego. Iván se quitó la camiseta y se dirigió a los vestuarios. Las tres amigas pudieron admirar la perfección de sus pectorales, ligeramente brillantes por el sudor, sus abdominales bien marcados... Al pasar al lado del grupo de madres que estaban recogiendo a los pequeños no pudo menos que sonreír y dedicarles un: “bueno, hasta el sábado- y dirigiéndose a Alex- ya no te duele ¿verdad campeón?”
- Pues.. no sé si podré jugar Ivan, creo que me he lesionado- argumentó muy serio el pequeño.
- Por supuesto que iremos- intervino rápida Alejandra- eso no es nada Alex, mañana ya estará curado.
- ¿Dónde jugamos el sábado, Ivan?- preguntó Yolanda.
- Pues contra el colegio del Mar, en Salou. Bueno, os dejo que me voy a pegar una ducha antes de irme.
Y con la camiseta sobre el hombro y los mechones de pelo ligeramente revueltos a lo “garçon terrible”, desapareció dentro de las instalaciones seguido atentamente por la mirada de las mamás que recorrían su amplia y musculosa espalda intentando grabarla en su mente.
- Mmmm como me gustaría ver como se ducha. – Yolanda imaginó ese cuerpo, enjabonado, el agua cayendo sobre su pecho, sus glúteos... - ¡¡Uff, de vicio nena, de vicio!!.
- Anda que se te cae la baba.
- Venga Noa, coge la mochilla que nos vamos- ordenó Yolanda sin dejar de mirar hacia los vestuarios del colegio.
- Jo, mami, déjame jugar un ratito más... ¡¡Porfa!!
- No, que es tarde, además me estoy haciendo pis.
- Pues ahí dentro hay water mami.- dijo Noa señalando los vestuarios.
- Pero Noa, ¿cómo voy a entrar ahí?
Sin embargo, una mirada picara se dibujó en su semblante. De todos modos, los lavabos del colegio ya estaban cerrados, tan sólo podía utilizar los de los vestuarios de los chavales. Alejandra y Estela la miraron, sus niños ya se habían ido a jugar también.
- ¿No te atreverás?- dedujo Estela.
- Jajaja, sí que se atreverá- observó Alejandra.- Anda entra a ver si le ves y luego nos lo cuentas.
Yolanda miró hacia ambos lados, los niños jugaban con la pelota ajenos a su indecisión. Y dando media vuelta se dirigió hacia los vestuarios.
- Es que... me estoy meando...- se excusó abriendo los brazos y elevando los hombros.
- Jajaja, anda, anda, que te esperamos.
El ruido del agua de una de las duchas, le hizo saber exactamente dónde se estaba duchando el joven entrenador. Yolanda entró en uno de los servicios para desahogar su vejiga. Luego se levantó, se bajó la falda... y salió sigilosa... Las duchas estaban al final del pasillo, despacio, siguiendo el sonido del agua se fue acercando... y se quedó parada, medio escondida tras la puerta que daba a las duchas, desde allí podía ver perfectamente la espalda y las nalgas de Iván, mientras el agua recorría aquellos músculos perfectos y bronceados. El joven se acariciaba el cuerpo con una esponja mientras el agua caía sobre él, se dio la vuelta mostrando un falo enorme y... en ese momento en erección, pasó su mano por él una y otra vez. Yolanda giró sobre si misma rápidamente, para que no la viese, tan rápidamente que resbaló con el agua mojada que había en el suelo y cayó de culo.
- ¡Ah!.
El joven sobresaltado salió de la ducha y abrió la puerta. Yolanda creyó morirse al verle allí, mirándola, desnudo, mientras ella seguía como petrificada en el suelo, con la falda levantada y... el tacón del zapato roto.
- ¿Qué haces aquí? ¿te has hecho daño?. – indiferente a su desnudez el muchacho se afanó por ayudarla a levantarse.
- Es que me estaba haciendo pis y como la polla que da a los lavabos del... digo.. la puerta del colegio de los baños..., perdona.
Iván se echó a reír ante la atónita mirada de Yolanda que no podía apartarla de su miembro. Pasó su mano por el tobillo de la muchacha.
- ¿Te duele?
- Un poco- murmuró Yolanda, excitadísima con el contacto de la piel del joven sobre su pierna.
Iván subió la mano despacio por su pantorrilla y la miró a los ojos.
- Y ¿ahora?- preguntó sin dejar de mirarla.
Yolanda abrió las piernas y echó la cabeza hacia atrás exhalando un suspiro y arqueó la espalda.
- Ahhh, un poco menos.
La mano de Iván se deslizaba ahora por sus muslos calientes.
- Y.. ¿ahora?- sus dedos rozaban ya el diminuto tanga de Yolanda y lo arrastraban dejando al descubierto su vulva húmeda, inflamada...
Iván le pasó un brazo por debajo de los hombros, la levantó del suelo y casi en volandas la llevó a las duchas cerrando la puerta tras él. Yolanda enlazó sus piernas en la cintura del muchacho y su boca buscó la de él, aquellos labios gruesos y calientes con los que tanto había fantaseado. Le mordió la barbilla, el cuello, la boca, ardiendo en deseo. Iván la apoyó contra la fría pared de azulejos y bajó por su escote para liberar los pechos, voluptuosos, exuberantes, pasó su lengua de uno a otro, succionó sus pezones erizados, vibrantes, hasta hacerla gemir de placer. Yolanda enlazó sus brazos alrededor de su cuello para morder sus hombros al sentir el falo enorme del muchacho buscando adentrarse en su gruta húmeda, rebosante de flujo. Yolanda sintió la fuerza de toda la pasión del muchacho, sobre su clítoris, una vez, otra vez, resbalando sobre su vientre, bajando, hasta su vulva sin decidirse a entrar.
- Sigue... sigue...- murmuró.
Y su enorme verga la penetró violentamente, irrumpiendo una y otra vez, con fuerza, empujándola contra la fría pared de azulejos. Luego la bajó al suelo y levantándole la falda la volteó colocándola contra la pared. Sus manos agarraron sus caderas y volvió a penetrarla desde detrás, sus labios apartaron su cabello hacia un lado y la mordió en el cuello, mientras sus manos apretaban sus pechos y pellizcaban sus pezones.
Una mano bajó por su vientre hasta su clítoris para estimularlo con ligeros circulitos. Yolanda jadeaba, se pegaba a él, a su pecho mojado, se deshacía de placer entre sus fuertes brazos, hasta que un intenso orgasmo la hizo gritar y arquearse hasta casi desvanecerse. Iván la siguió acariciando ahora lentamente moviendo su pene más despacio, para deslizarlo entre sus glúteos y eyacular entre ellos. La besó en el cuello. Yolanda se dio la vuelta, él la tomó por la cintura y la siguió besando en los labios, en el cuello, en el pecho, en los pezones... La miró y apartándole el pelo le murmuró al oido...
- Creo que... te he mojado un poco...
- No importa- contestó Yolanda sonriendo- ya se secará...
Emitido por radio en el programa Calents y contents, en ona cat fm el 29 de enero de 2009:http://www.ona-fm.cat/calents.asp : Blocaire calenta: Rebeca 29.1.09)